
Toda superficie de hormigón y en general de obra, que posteriormente vaya a ser revestida, ha de ser sometida a un proceso de limpieza para eliminar lechadas, polvo, suciedad y otros contaminantes como sales o productos químicos.
También los hormigones, previo a su reparación por fisuraciones y degradaciones, han de ser limpiados ya que de esta manera podremos observar mejor los defectos ocultos.